Música para flauta y guitarra Volumen II

7,00


Música para flauta y guitarra. Vol. II.

Obras de Piazzola, Pujol, Sasaki, Llopart y Patterson.

María Esther Guzmán, guitarra.
Luis Orden, flauta.

Contenido

Tadashi Sasaki (1943).
Dos Canciones Japonesas.
  • 1-Sunayama 5’29”
  • 2-Matsushima Ondo 3’04”
Richard Patterson (1952).
  • 3-Meadowsong 6’36”
Astor Piazzolla (1921-1992).
  • 4-Libertango 4’43”
  • 5-Adios Nonino 5’00
Santiago Delgado Llopart (1962).
  • 6-Entre Montañas 3’39”
  • 7-Vals de los Vestigios 5’15”
Maximo Diego Pujol (1957).
  • 8-Nubes de Buenos Aires 8’02”
Suite Buenos Aires.
  • 9-Pompeya 3’55”
  • 10-Palermo 4’20”
  • 11-San Telmo 3’00
  • 12-Microcentro 3’40”

Grabado en el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla, España, el 7 y el 8 de Marzo de 2008.

Producción y Toma de Sonido: Jose Mª Martín Valverde.

Asesor Musical: Takeshi Tezuka.

Fotografía y Textos: Santiago Delgado Llopart.

Diseño: José Mª Rodriguez-Daniel Barrionuevo.

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Descripción

Música para flauta y guitarra Volumen II

Mª Esther Guzmán y Luis Orden

Obras de Piazzola, Pujol, Sasaki, Llopart y Patterson

Segundo CD del dúo formado por María Esther Guzmán y Luis Orden, tras su exitoso lanzamiento (Lindoro, 2004) en el que abordaban composiciones de Piazzolla, Castelnuovo-Tedesco, Beaser, Amargós y Morales. Estos excelentes intérpretes siguen apostando por un repertorio variado y con las máximas exigencias de calidad, cuidando al detalle la delicada combinación de la guitarra y la flauta, además del íntimo espacio que cada instrumento representa por sí mismo. Se confirma la madurez de este dúo, acostumbrado a realizar un minucioso trabajo de selección y análisis de su repertorio, que posteriormente “modelan y modulan” a través de múltiples interpretaciones en directo, antes de abordar las grabaciones.

El viaje a los sutiles parajes de la “madera y el viento” continúa… En esta ocasión, la primera etapa de la travesía recala en versiones que el guitarrista nipón Tadashi Sasaki (Tokio 1943) realizó sobre “Dos canciones japonesas”. Ambas participan de enigmáticas y delicadas sonoridades de la tradición oriental y están basadas en poemas de Hakushu Kitahara (Fukuoka 1885 – Tokyo, 1942). La primera, “Sunayama” (Montaña de arena), proviene de una canción popular de Shinpei Nakayama (Nagoya, 1887-1952). Comienza con una melodía de gran fluidez, que evoca un paisaje de playa, para adentrarse en las colinas de arena, anunciadas por la guitarra percutida e interpretadas con pasajes al unísono de modo cuasi-jazzístico. Un aleteo en la guitarra y una melodía lejana en la flauta inician la segunda canción, “Matsushima Ondo”, de Kosaku Yamada (Tokio, 1886-1965), compositor y director de clara influencia europea (estudió cuatro años en Alemania). De ritmo marcado, se trata de un canto tradicional de pescadores, a modo de barcarola, como una “llamada del mar” que proviene de Matsushima, al norte de Japón.

El estadounidense Richard Patterson (Carolina del Norte, 1952) es guitarrista, profesor y compositor. Actúa en diversas agrupaciones camerísticas y desde 1982, forma dúo de flauta y guitarra con su esposa. “Meadowsong” (Canto de la pradera) fue compuesta en 1984. Esta obra comienza con un solo de guitarra en campanelas (a modo de arpa) de mágica sonoridad, que crea una atmósfera de “amplios y verdes paisajes”. La flauta se introduce en completa sintonía con la guitarra para ir emancipándose frente a un patrón más estable por parte de las “seis cuerdas”. Luego adquiere sucesivamente su propia personalidad melódica. Sobre la mitad de la partitura, la obra descansa en un adagio y la guitarra brinda unas escaleras por las que la flauta remonta nuevamente su “arpística” mirada sobre los prados.

“Libertango” y “Adiós Nonino” son dos obras maestras del gran Astor Piazzolla (Mar del Plata, 1921 – Buenos Aires, 1992), bandoneonista, compositor y revolucionario del tango. Considerado un referente en la música del siglo XX, este argentino universal logró fundir con maestría la música culta y la popular.

“Libertango” fue compuesto en 1974, cuando Piazzolla se estableció en Roma. Su representante, Aldo Pagani, le pidió un tema que no superara los tres minutos para que pudiera escucharse en la radio y enlas máquinas de discos de los bares. “Mi música no se adapta a los horarios”, replicó Piazzolla.

Finalmente, compuso un puñado de temas breves que dieron forma al álbum “Libertango”, título de su tema estrella, que luego se convertiría en número 1 en las jukeboxes de Italia. El álbum se grabó con excelentes músicos italianos, y la instrumentación incluía, además del bandoneón del maestro, órgano Hammond, marimba, flauta grave en do, bajo eléctrico, batería, guitarra eléctrica, percusión y orquesta de cuerdas. “Libertango” es una de las obras más grabadas de Piazzolla; la versión discotequera que hizo Grace Jones en 1981, titulada “I’ve seen that face before”, tuvo un gran éxito internacional. Estearreglo para flauta y guitarra aborda el tango con mucha transparencia, y tras la introducción, el famoso tema principal se ensancha mediante variaciones que se “pegan al oído” de manera encantadoramente envolvente.

“El número uno es ‘Adiós Nonino’. Me propuse mil veces hacer uno superior y no pude”, declaró Piazzolla en 1990. No es de extrañar, pues probablemente sea su cima creativa. Fue compuesto en memoria de su padre (al que llamaban Nonino), días después de su muerte, en octubre de 1959. Tras su gira centroamericana, Piazzolla había vuelto a Nueva York, ciudad en la que llevaba un año instalado. Además, coincidió con un momento en que su revolución hacia el tango-jazz fracasaba, se encontraba deprimido, económicamente tocado y con ganas de volver a su país. En cuarenta y cinco minutos, según solía recordar, lo compuso añadiendo una sublime melodía a otro tango que había dedicado a su padre cuatro años antes, “Nonino”. Luego lo arregló para su quinteto, es decir, bandoneón, violín, piano, guitarra eléctrica y contrabajo; de esta obra se han hecho innumerables versiones. Para este CD, María Esther Guzmán ha realizado una transcripción para guitarra y flauta que logra transmitir en toda su grandeza, mediante lacónico virtuosismo, el cúmulo de sensaciones, contrastes y recuerdos que debieron embargar al compositor en un momento tan delicado. Destaca la endiablada maestría con la que la flauta aborda los ritmos más marcados del tango y la emotividad de los matices que la guitarra incorpora en el famosísimo pasaje a modo de lamento, una de las joyas de la música argentina de todos los tiempos.
Las siguientes dos propuestas, “Entre montañas” y el “Vals de los vestigios”, fueron compuestas en 2007 por el español Santiago Delgado (Pontevedra, 1962). “Contar con la amistad de artistas de la categoría y la sensibilidad de María Esther y Luis me abre un inmenso abanico de escenarios y rendijas donde imaginar músicas”.

“Entre montañas” está compuesta para un lugar donde se puede sentir el sonido del viento, la fuerza imponente de los riscos o la calidez de la presencia de los animales en el valle. No en vano, esta obra se fraguó en la manga de Villaluenga del Rosario, delicioso pueblo de la Sierra de Cádiz donde “el aire se respira a sí mismo”. Los armónicos iniciales rodean y nutren al tema principal, cuyo plácido equilibrio va abriéndose progresivamente hacia una sucesión de acordes de sonoridad brasileña, anunciando el final, que evoca el tema inicial de la guitatarra. Un soplo de viento cierra el bucle del “paraje dibujado”.

Si “Entre montañas” es espacio, el “Vals de los Vestigios” es tiempo, y el tiempo tiene en esta obra el ritmo burlón del arlequín. Tras una introducción, el ritmo de tres por cuatro se pone en marcha y marca la partitura de principio a fin. Esta obra es un compendio de distintas épocas y vestigios, tanto vitales como musicales, que ahora salen a la superficie, más complejos y desarrollados, hasta con un cierto aire de “nostálgico romanticismo contemporáneo”. Guitarra y flauta gozan de solitarias cadencias hasta que se piden auxilio la una a la otra y viceversa. El vals culmina invocando nuevamente al arlequín, que sigue y sigue, que nunca se detiene, gesticula de lado a lado con sus propias muecas, más o menos plácidas o dolorosas…

Nuestro viaje musical finaliza con una aproximación a la obra de otro argentino, Máximo Diego Pujol (Buenos Aires, 1957), profesor de guitarra, compositor y concertista. Al igual que Piazzolla, Pujol utiliza material de la música autóctona argentina, particularmente el tango. “Nubes de Buenos Aires” forma parte de “Dos Aires Candomberos”. El candombe es para Uruguay lo que el tango para Argentina. Pero mientras las raíces del tango son latinas, el ritmo sincopado del candombe es de origen africano y fue introducido por los esclavos negros durante el periodo colonial. La obra contiene un largo pasaje de hechizante melodía y un respiro donde la guitarra coge el timón, antes de la subida definitiva y recurrente hacia el tema principal, probablemente hasta “alcanzar esas anheladas nubes”. En esta obra los ritmos mantenidos de la guitarra son atenuados por la cálida tristeza de la flauta.

La “Suite Buenos Aires” nos transporta hacia los lugares de referencia del compositor, que evoca en cada movimiento un espíritu diferente: el barrio proletario de “Pompeya”, donde el tango se originó, imaginado con ritmos, colores y diversidad de expresiones artísticas; el Barrio Italiano “Palermo”, con una melodía de cadencioso romanticismo; el viejo “San Telmo” con sus cafés y bazares, interpretado con enérgica alegría, aunque con un guiño nostálgico hacia la melodía de “Palermo”. Por último, “Microcentro”, el corazón de la ciudad, con sus distritos comerciales, sus negocios y sus principales arterias, que, por lógica, tiene expresión contemporánea de idas, venidas y hasta huidas. Así concluye esta exquisita travesía de “madera y viento”, con la que hemos saboreado un universo de expresiones y sensaciones que sólo determinadas músicas y la categoría y personalidad de algunos intérpretes nos pueden brindar.

Será hasta la próxima…

Santiago Delgado Llopart

Información adicional

Estilo

Contemporánea

Interpretación

Flauta, Guitarra

Artista

María Esther Guzmán y Luis Orden