Descripción
Góngora y la música
Doble CD
Tonos humanos con textos de Luis de Góngora (1561-1627)
Vandalia & Ars Atlántica
VANDALIA
Rocío de Frutos, tiple
Verónica Plata, tiple
Gabriel Díaz, alto
Jorge Enrique García, contratenor
Víctor Sordo, tenor
Javier Cuevas, bajo
ARS ATLÁNTICA
Manuel Vilas, arpa
Aníbal Soriano, guitarra barroca, laúd, tiorba
Alejandro Casal, órgano, clavicordio
Alejandro Marías, viola da gamba
Carlos Jaime, violín barroco
Francisco Valdivia, guitarra barroca
Durante el antiguo régimen, la posibilidad de recibir lo que entonces se entendía por una educación completa estaba generalmente reservada a los vástagos de las familias acomodadas. En el caso de Luis de Góngora y Argote, nacido en Córdoba el 11 de julio de 1561, también fue decisiva la herencia cultural de su padre, Francisco de Argote, quien era licenciado por la universidad de Salamanca y poseía una importante biblioteca. Don Francisco había quedado relegado, siendo niño, de la herencia de un rico mayorazgo, pero había gozado de los favores del secretario real don Francisco de Eraso, quien le dio, entre otros cargos, el de juez de bienes confiscados del Santo Oficio. Por otra parte, su madre, Leonor de Góngora, pertenecía a la nobleza local al igual que su tío Francisco, racionero de la catedral. Gracias a estas favorables circunstancias materiales y culturales, el joven Luis pudo estudiar cánones en la Universidad de Salamanca acompañado de un ayo que la familia puso a su disposición tras recibir las órdenes menores en 1575. No hay muchos datos de su vida de estudiante, pero cuando finalizó su estancia en Salamanca hacia 1580 ya se había ganado cierta fama como poeta. A su regreso a Córdoba fue nombrado canónigo beneficiado de la catedral por legado de su tío don Francisco. A pesar de alguna que otra censura del obispo, pudo compatibilizar sus cargos en el cabildo con sus actividades profanas y la composición poética, realizando además numerosos viajes comisionados por el cabildo que le dieron la oportunidad de dar a conocer sus obras en varias ciudades importantes de la Península, como Granada, Jaén, Toledo, Madrid, Salamanca o Valladolid. A partir de 1610 se acentúan en su poesía los hipérbatos, los cultismos y las metáforas difíciles por encima de los temas ligeros que prevalecieron en la primera etapa de su producción, y esto le hizo ganar una gran legión de seguidores entre los llamados poetas culteranos, como fray Hortensio Félix Paravicino, el conde de Villamediana, Pedro Soto de Rojas, o Anastasio Pantaleón de Ribera, entre otros, merced, sobre todo, a la fascinación que generó su obra más ambiciosa, las incompletas Soledades que divulgó en la Corte en 1613.
La aceptación de su poesía no fue unánime, pues sufrió el rechazo de poetas conceptistas como Francisco de Quevedo y clasicistas como Lope de Vega y los hermanos Argensola. En 1617, debido a su creciente prestigio y reputación, fue nombrado capellán real de Felipe III, para lo cual tuvo que ordenarse sacerdote y trasladarse a Madrid. Incapaz de sustraerse a los hábitos corruptos de su época, dilapidó su fortuna en conseguir cargos y prebendas para sus familiares. En 1627, enfermo y arruinado, regresó a su ciudad natal donde falleció el 23 de mayo de una apoplejía. Sus restos se encuentran en la mezquita-catedral de Córdoba.









