Gaetano Brunetti String Quartets

8,00


Gaetano Brunetti

String Quartets. Cuartetos de Cuerda.

Carmen Veneris

Miguel Romero Crespo, violín.
Rafael Muñoz-Torrero Santos, violín.
Pablo Almazán Jaén, viola.
Guillermo Martín Gámiz, violoncello.

Contenido

Cuarteto de cuerdas en La menor op.2, nº4 (L. 153)
  • Allegro moderato 6:15
  • Minuetto. Trio 2:01
  • Andantino con un poco di motto 2:50
  • Finale presto 1:32
Cuarteto de cuerdas en Sol mayor op.3, nº6 (L. 161)
  • Andantino con variazioni 6:45
  • Allegro 3:48
Cuarteto de cuerdas en Si bemol mayor serie 8, nº7 (L. 196)
  • Allegro maestoso 7:15
  • Largo sostenuto 6:08
  • Allegro non molto 5:13
Cuarteto de cuerdas en Re mayor serie 8, nº10 (L. 199)
  • Allegro moderato 6:55
  • Largo cantabile 4:20
  • Allegro vivace 6:57

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Descripción

Gaetano Brunetti String Quartets

Los cuartetos de Gaetano Brunetti en perspectiva

Gaetano Brunetti (Fano, ca. 1744 – Colmenar de Oreja, 16 de diciembre de 1798) escribió cuartetos durante casi toda su vida al servicio de la Corte española. Tras entrar al servicio del Príncipe de Asturias, futuro Carlos IV, en enero de 1770, Brunetti comienza a escribir música como parte de su dedicación al cargo de maestro de música del Príncipe, destino que desde 1789 será transformado en el de músico de cámara. Durante el tiempo en el que estuvo al servicio de la Corte española (1767-1798) compuso la mayor parte de su música de cámara y la totalidad de la sinfónica, aunque existen períodos en los que destaca su dedicación a determinada agrupación instrumental; así, hasta 1774 lo principal de su producción había sido su música para el teatro y algunas series de sonatas y tríos, pero entre 1774 y 1776 escribe cuatro series de cuartetos (esto es, 24 obras).

En la presente recopilación se pueden apreciar ejemplos de sus primeros y últimos cuartetos, abarcando unos veinte años de evolución en su lenguaje musical. Además, los cuatro cuartetos que se presentan tienen una gran cercanía cronológica entre sí; los dos primeros fueron escritos con pocos meses de diferencia, mientras que los otros dos habrían sido escritos con pocos años de diferencia hacia 1790.

La serie de cuartetos op. 2 es, paradójicamente, la primera que se conoce, ya que se ignora el paradero del op. 1; y, caso curioso en la producción del compositor, tanto los cuartetos el op. 2 como los del op. 3 fueron escritos en 1774. Al respecto, es interesante comprobar con qué facilidad escribía el compositor, ya que entre una y otra colección de cuartetos (integradas por seis obras cada una) pasaron únicamente cuatro meses y medio; en el encabezamiento del primer cuarteto del op. 2 se puede leer “San Ildefonso”, mientras que en el primero del op. 3 se lee “San Lorenzo”.

Considerando que en dicho año la Corte estuvo en San Ildefonso de La Granja desde el 20 de julio, y que, como era costumbre, desde allí se trasladó al Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, donde permaneció hasta el 2 de diciembre, es fácil comprobar la cercanía que existió entre estos cuartetos; en unas 19 semanas Brunetti escribió las 12 obras, lo que supone un buen ritmo y denota que se trataba de una época en la que su patrono, el Príncipe de Asturias, debía estar muy interesado por este tipo de repertorio. En este mismo año, el compositor hizo la tercera serie de tríos (divertimenti L. 139-144[1]) para violín, viola y bajo dedicada al Príncipe, y posiblemente alguna sonata. Del mismo modo que existen en la biografía del compositor períodos dedicados al quinteto o a la sinfonía, en el año 1774 estuvo claramente centrado en el cuarteto de cuerda.

Las dos primeras obras incluidas en la presente grabación presentan algunas características que merece la pena resaltar. Los cuartetos del op. 2 y del op. 3 se relacionan de un modo peculiar, ya que fueron escritos en un breve lapso de tiempo, y seguramente el compositor concibió dichas series como “opera grande”, el op. 2, y como “opera piccola” el op. 3; esto es, del mismo modo que el Bruneti escribe series de obras con tres o con cuatro movimientos al hacer sus quintetos y las identifica respectivamente como opera piccola u opera grande, en el caso de los cuartetos parece haber seguido este mismo proceder. Mientras que las obras que integran el op. 2 constan de cuatro movimientos (y serían “cuartetos”, propiamente), el op. 3 sería una “opera piccola” integrada por “cuartetinos”, como los llamaba un compositor coetáneo que también seguía esta practica y que residió en Madrid, Luigi Boccherini, ya que cada uno de ellos sólo tiene dos movimientos.

Así pues, el cuarteto en La menor, op. 2 nº 4 (L. 153), es una obra en cuatro movimientos, como las seis que integran esta serie. Gaetano Brunetti no volverá a escribir cuartetos tan largos hasta 1789, y a esto se añade que se trata de una obra en modo menor, igual que la primera de este op. 2; ello constituye una auténtica rareza, ya que entre todos sus cuartetos, que suman 50, sólo hay otros tres ejemplos en modo menor. Por todo ello, el op. 2 es una serie peculiar.

Y, en el conjunto de la presente grabación, el cuarteto nº 4 es posiblemente el que más variedad ofrece. El Allegro moderato inicial muestra un interesante planteamiento, ya que está concebido a partir de un motivo melódico descendente, anacrúsico, con ritmo de tresillo, que en ocasiones queda desdibujado por la ornamentación que el compositor introduce seguidamente. El Allegro presenta, asimismo, una sección de desarrollo de gran inventiva y audacia armónica, siempre sobre el mismo motivo rítmico melódico en el que se inspira el movimiento. El segundo movimiento, Minuetto, es un canon imitativo, directo, en las cuatro voces. Gaetano Brunetti recurre al mismo procedimiento en el Divertimento Terzo para violín, viola y violoncello L. 147, o en el quinteto con fagot L. 209. No es éste, evidentemente, un minueto pensado para ser danzado; como en los mejores minuetos de Haydn, a modo de broma musical, el compositor recurre a un interesante y equívoco efecto rítmico, ya que hasta que no termina la última entrada del canon (a cargo del violoncello), no queda claro cuál debe ser el tiempo fuerte del compás. El Trío contrasta por su carácter enérgico y su mayor actividad rítmica, aunque en su segunda sección se recurre de nuevo al canon imitativo entre los dos violines.

Frente al planteamiento de los movimientos anteriores, la relación entre las voces cambia en el resto del cuarteto; el violín segundo no llega a tener una verdadera independencia rítmica o melódica, ya que doblará indistintamente al violín primero o a la viola; por su parte, los instrumentos graves suelen proceder homorrítmicamente, con poca independencia entre sí. El tercer movimiento, Andantino con un poco di motto, resulta plácido y tranquilo; claramente, los principales contraste son dinámicos, con fortes en partes débiles del compás, algún rinforzando, y cambios en la articulación.

Es característico de este movimiento cómo el violín segundo normalmente dobla al primero, en terceras paralelas, y en ocasiones se intercambian la tesitura (lo que resulta un planteamiento peculiar que pudiera considerarse un atavismo, ya que se trata de una textura más ligada a la música de décadas anteriores). Para concluir la obra, el Finale Presto se caracteriza por la periódica aparición de los elementos del principio, a modo de rondó, y quizás resulta un movimiento demasiado breve para el potencial que parece demostrar Gaetano Brunetti; en todo caso, el final en pianissimo de este cuarteto es de una gran efectividad.

El cuarteto op. 3, nº 6 (L. 161) es un cuartetino, escrito en dos movimientos; como las demás obras de esta serie, consta de un tempo lento, seguido de un Allegro o un Allegretto. El compositor comienza con un Andantino, estructurado como un tema con variaciones; Gaetano Brunetti asigna, como es el proceder habitual, una variación a cada instrumento, de modo que interviene la viola en la primera, y sucesivamente el violín segundo, el violoncello y el violín primero. La figuración se reduce gradualmente, desde las semicorcheas de la primera variación hasta las fusas de la cuarta, de modo que las variaciones ganan, paulatinamente, intensidad. El segundo movimiento, Allegro, resulta muy variado; tras presentar un tema por terceras paralelas los dos violines, en solitario, entran los dos instrumentos restantes, para dar paso a un pasaje imitativo en el que las cuatro voces enuncian sucesivamente el tema que presenta el violín primero.

Sigue una vuelta a la idea inicial, a cargo de los dos violines por terceras paralelas, y un último pasaje en el que predomina el violín primero sobre las demás voces. Una variedad tal de texturas en tan pocos compases (52) no se encuentra en ninguna de las obras de la presente grabación, y merece la pena asistir con oídos atentos esta serie de sucesos musicales. Tras un breve desarrollo se reexpone la mayor parte de la sección inicial, sin mayores complicaciones. Claramente, este cuarteto del op. 3, comparado con el anterior, resulta una música más ligera y sencilla en su planteamiento.

Respecto de los cuartetos L. 196 y L. 199, cabe destacar que se trata de dos obras próximas entre sí, como los op. 2 y 3, aunque de una etapa muy diferente. Entre 1789 y 1792 Gaetano Brunetti atraviesa un período de poca actividad creadora; en estos años escribe algunas sonatas y sinfonías, además de diez cuartetos de cuerda, aunque aparentemente ya no los agrupa en series, como sucede con el resto de su obra.

Los últimos cuartetos del compositor resultan, por ello, un apartado singular de su producción al no estar asignados a un número de op. determinado; resulta llamativo este proceder, ya que con el resto de sus obras sigue formando colecciones de seis, como sucede con los quintetos con dos violas o los sextetos con oboe, que se cuentan entre sus últimas composiciones. El cuarteto L. 196, en Si b Mayor, data de 1792, mientras que el cuarteto L. 199, en Re Mayor, fue escrito entre 1789 y 1792. En ambos casos, se encuentran entre las últimas obras dedicadas a esta agrupación instrumental, ya que 1792 parece ser el último año en el que el compositor escribió cuartetos.

El cuarteto L. 196, en Si bemol Mayor, consta de tres movimientos y tiene una sonoridad muy diferente a la de los dos cuartetos anteriores, ya que el primer violín prevalece sobre las demás voces; no hay aquí ningún intento de equilibrar la participación de los diferentes instrumentos, de modo que el protagonismo de la voz superior se presenta claramente en todos los movimientos. El primero de ellos, Allegro Maestoso, está estructurado en torno a un motivo rítmico-melódico que no aparece desde los primeros compases, como es norma, sino que se impone gradualmente; de todo el cuarteto, seguramente éste es el único movimiento en el que se puede apreciar alguna intención de introducir cierta independencia en las voces inferiores.

En el segundo movimiento, Largo sostenuto, el violín primero presenta una llamativa melodía, como si se tratara de un aria para la que el resto de los instrumentos se limitan a proveer un acompañamiento. Solo destaca, ocasionalmente, el protagonismo (compartido con el violín) del violoncello. No en vano, el hijo de Gaetano Brunetti, Francisco, afamado violoncellista y músico de cámara también, tocaría esta parte, la única que destaca en algún momento frente a las otras dos. Finalmente, en el Allegreto non molto el compositor confirma la preeminencia que desea para la voz superior; no solo participa el movimiento de los mismos presupuestos que los anteriores, sino que el acompañamiento que proveen las voces inferiores es, casi siempre, homorrítmico.

De este modo, la melodia del primer violín, desenfadada y elegante, destaca sin esfuerzo, aunque conviene apuntar que tanto en este cuarteto como en el siguiente se aprecia una sonoridad diferente, que no solo viene dada por el mayor protagonismo de la voz superior, sino también por su tesitura. Tanto el violín como el violoncello amplían su ámbito sonoro, conquistando regiones más agudas del instrumento; desde este punto de vista se trata de obras de mayor exigencia técnica, especialmente en el caso del violín primero, mucho más brillante que en los op. 2 y 3, al llegar en estas obras a un La 6.

Por su parte, el cuarteto L. 199, en Re Mayor, es una obra planteada del mismo modo que la anterior, aunque el violín primero destaca más aún, si cabe. Así sucede desde el primer movimiento, Allegro Moderato, aunque ocasionalmente se encuentran bicinias entre los dos violines o la viola y el violoncello, lo que introduce un interesante elemento de contraste. Como detalle distintivo, en la sección de desarrollo el compositor parece querer dar mayor participación a las voces más graves, reexponiendo un pasaje virtuosístico que interpretan por turno todos los instrumentos; no obstante, se trata de un cuarteto para un solista como debió de ser Gaetano Brunetti, quien interpretaría una parte de violín de gran lucimiento que habría escrito para sí mismo.

Esta idea se hace aún más evidente en el segundo movimiento, Largo cantabile; como sucede en el cuarteto L. 196, parece pensado como un solo de violín con acompañamiento, aunque aquí de modo más acusado. Finalmente, en el Allegro vivace hay un mayor intercambio de ideas entre los diferentes instrumentos; para ello, Brunetti se vale de una idea anacrúsica, que continuamente reaparece en las diferentes voces, a modo de figura de acompañamiento.

Aunque hay pasajes solísticos en el violín primero, con un acompañamiento mínimo o en ocasiones inexistente, normalmente se aprecia en este último movimiento la intención de integrar las otras tres voces en el discurso musical con un cierto protagonismo; no obstante, queda patente en estos cuartetos de madurez la intención de escribir una línea adecuada a sus capacidades como violinista, propiciando momentos en los que el violín primero muestra su capacidad técnica de diferentes maneras, como seguramente se esperaba de él. Al fin y al cabo se trata de música de cámara, pensada para ser ejecutada únicamente en Palacio por el propio Brunetti ante Carlos IV, y de música bien acogida y adaptada a su entorno. De ello da fe la extensa producción de cuartetos y quintetos que escribió para el Real Servicio, lo que convierte a Brunetti, junto a L. Boccherini, en el principal compositor de música instrumental de la España de finales del siglo XVIII.

Germán Labrador López de Azcona.

Crítica aparecida en la web “Diverdi” – www.diverdi.es

Reseña (Diverdi) y Prensa

Una grata sorpresa nos ha proporcionado el grupo Carmen Veneris (Canto de Venus) de Sevilla, fundado en el año 2005 por el altista Pablo Almazán y el violonchelista Guillermo Martín. Aunque inicialmente empleó formatos de cámara de variada composición, hoy se centra tan solo en el repertorio de cuerda. En esta ocasión Carmen Veneris ha añadido a los dos músicos citados dos violinistas, Miguel Romero y Rafael Muñoz-Torrero, conformando el clásico cuarteto de cuerdas. Con él nos ofrecen cuatro de los casi medio centenar legados a la monarquia española por Gaetano Brunetti (Fano, Las Marcas, Italia, c.1744 – Colmenar de Oreja, Madrid, 1798). Brunetti estudió con el violinista Carlo Tessarini, director de una academia en Fano, pero se cree amplió sus estudios en Livorno con Nardini. Es un hecho que cuando llegó a Madrid con su padre, en 1762, era ya un hábil ejecutante. Entró al servicio de Carlos III en 1767, como violinista de la Capilla Real, pasando a ser, tres años después, profesor del Príncipe de Asturias. Estuvo además un tiempo al servicio de la casa de Alba, para la que escribió sus Cuartetos Op.2, uno de los cuales abre la grabación que comentamos.

Al ser coronado rey Carlos IV en 1788, Gaetano Brunetti comenzó a ejercer el cargo de director de la Real Cámara, escribiendo la zarzuela Jasón y gran cantidad de obras orquestales, entre ellas seis oberturas y 34 sinfonias. La nº.33, denominada Il maniatico es famosa por confiar el papel de este personaje al violonchelo. En la música de cámara fue tan incansable como su supuesto adversario, Boccherini. El archivo de Música del Palacio Real de Madrid guarda centenares de composiciones (sextetos, quintetos, cuartetos de cuerda, tríos, sonatas para violín y bajo, para viola y bajo, divertimentos, duetos… Al ejecutar los cuartetos, él asumía el violín primero y el rey Carlos IV el segundo, Alejandro Bucher el viola y Francisco Brunetti, su hijo, el violonchelo.

Sus “adagios” por lo general, son muy hermosos y los “allegros” iniciales, en forma sonata, tienen extensas secciones de desarrollo, aunque se nota que la parte principal es siempre la del primer violín que él ejecutaba y en algún caso la del violonchelo, tocado entonces por su hijo Francisco, que llegó a ser con el tiempo director de orquesta de la Real Cámara.

En 1996, el Cuarteto Cassadó grabó uno de los Quintetos Op.1 (para dos violines, viola y dos violonchelos) de Gaetano Brunetti, y en 2001 apareció una grabación por el Schuppanzigh Quartett de Colonia de cuatro de los Cuartetos de Brunetti, primeras salidas al mercado discográfico de obras de este excelente maestro, conectado claramente con las obras de Joseph Haydn; era este muy apreciado en el Madrid de su tiempo, como bien muestra la poesía de Iriarte, la pintura de Goya o los documentos de la casa de Benavente-Osuna.

Todo el encanto del siglo de las luces nos es servido por el cuarteto Carmen Veneris en estas interpretaciones que realzan obras tan elegantes como, a veces, atrevidas, aunque en una primera audición pueda parecer algo simple el tratamiento del segundo violín y el de la viola, y en el Cuarteto Op.2, o en el “Cuartetino” Op.3, la viola y el chelo estén demasiado relacionadas. Gaetano Brunetti era minucioso en su trabajo y daba instrucciones muy precisas a los intérpretes. Y en este caso han sabido transmitir la gracia y el refinamiento de una época en la que aristocracia y realeza se comportaban como tales.

Andrés Ruiz Tarazona

Información adicional

Estilo

Barroco Florido

Interpretación

Música de Cámara

Artista

Ensemble Carmen Veneris