Música en los salones y teatros del Madrid del siglo XVIII

9,00

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Blas de Laserna (Manuscrito de Berlín)
Manuscrito de Narciso Paz

Fernando Antón, Guitarra

Ingartze Astuy, Mezzosoprano

María Saturno, Violoncello

Contenido

1  Seguidillas “Agitada me siento” (MB)

2  “La tirana se ha ausentado” (MB)

3  Canción “La soledad del campo” (MB)

4  Canción “El tiempo y el amor” (MB)

5  Canción “La mujer sensible” (MB)

6  Seguidillas “Mi Corazón señores” (MB)

7  Tirana “Ay infelice de mi” (MB)

8  Canción “La Ausencia” (NP)

9  Canción “Entre las ninfas” (NP)

10 Tirana “Un amante que se hallaba” (MB)

11 Seguidillas “Al pasar por la fragua” (NP)

12 Canción “Yo soy de amor la víctima” (NP)

13 Canción de la cautivita (NP)

14 Tirana “Me preguntaron los guardas” (MB)

15 Seguidillas de Fernando VII (NP)

16 Canción patriótica “A las armas” (NP)

17 Canción patriótica “Dupont rendido” (NP)

18 Seguidillas “El garbo y el manejo” (MB)

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Descripción

Música en los salones y teatros del Madrid del siglo XVIII

Blas de Laserna (Manuscrito de Berlín)

Manuscrito de Narciso Paz

Uno de los géneros teatrales de mayor éxito durante la segunda mitad del siglo XVIII fue, sin duda, la tonadilla escénica. Por mostrar la vida en tono alegre, divertido y muchas veces descarado atraía a los principales teatros de Madrid, el Príncipe y la Cruz, a una sociedad que acudía para recrearse contemplando los quehaceres cotidianos presentados con frescura y osadía. Parte importante en las tonadillas son las seguidillas, canciones ligadas a los bailes populares, a las que se añadirá, ya a finales de siglo, otra de las piezas vinculadas al folclore español, la tirana. Ambas, seguidillas y tiranas, constituyen un nexo de unión entre los diferentes espacios sociales que, a finales de la Ilustración, perfilan una identidad sonora de la música española.

Más allá de su popularidad en el teatro, seguidillas y tiranas ocupaban otro espacio urbano, más personal y reservado, donde se prolongaba ese recreo de costumbres: el hogar. Así se difundía el chiste, la gracia, el garbo y el manejo que emanaba de estas piezas, rasgos que reflejaban las características que se asociaban al buen español. Este, el buen español, era capaz de apreciar el ingenio y agudeza contenidos en los versos de estas canciones, en contraposición a aquellos que, olvidando las costumbres de sus mayores, abrazaban la poesía y la música extranjeras. Por ello, no resulta extraño que se anunciaran en la prensa madrileña algunos profesores que enseñaban a cantar seguidillas y tiranas acompañándose con una guitarra, para que las jóvenes de cierta clase vieran acrecentadas sus gracias si emulaban el arte de aquellas que resplandecían sobre la escena. De este modo, seguidillas y tiranas se mezclaban con los sonidos del hogar y propagaban, herederas de la tradición, una querencia por España que transitaba elocuente, en forma de canción, entre calles, plazas, salones y teatros.

En su origen más bailable, seguidillas y tiranas se acompañaban con la guitarra, el instrumento que gozaba desde hacía tiempo de la aceptación y el afecto de los españoles. Al ser un instrumento manejable y accesible y con una técnica práctica y fácil de aprender para realizar armonías, la guitarra se había erigido como la acompañante fiel e inseparable de los bailes populares. En su ascenso al teatro, no se limitó a formar parte de la plantilla instrumental de los músicos de las tonadillas sino que compartía el escenario con muchos de los personajes. No era solo un objeto de atrezo, el instrumento musical que representaba lo popular y lo español, sino que reproducía y divulgaba en la escena una sonoridad imbricada en los usos cotidianos de la sociedad española.

Al pasar al hogar, las seguidillas y tiranas de éxito ya no podían contar con una plantilla instrumental similar a la del teatro. El instrumento más acorde y que mejor se adaptaba para acompañar este género no era otro que la familiar guitarra. Así lo entendían los músicos y compositores que adaptaban estas canciones para ser acompañadas con guitarra o, en ocasiones, con un bajo sobre el que la guitarra podía realizar el acompañamiento. A los salones burgueses llegaban en forma de cuadernos que estaban a la venta en librerías, almacenes y otros establecimientos. Al no contar con una imprenta especializada en música, las partituras que circulaban en el espacio urbano a finales del siglo XVIII y principios del XIX eran copiadas a mano, bien por copistas especializados o bien por los compositores. El mismo Blas de Laserna (1751- 1816), aclamado creador de tonadillas, estableció a comienzos de siglo un almacén donde copiaba música y realizaba arreglos para poner a la venta, tanto de sus obras como de las piezas más conocidas de los compositores europeos. Entre estas ediciones, se encontraban también seguidillas, tiranas y otras canciones con acompañamiento de guitarra.

Información adicional

Artista

Fernando Antón, Ingartze Astuy, María Saturno

Estilo

Neoclásico

Interpretación

Guitarra, Instrumental y Voz, Voz

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